Cubo Rubik y las ventajas para los niños que lo usan

Red de Matemáticas

En 1974, el húngaro Erno Rubik inventó un impresionante rompecabezas mecánico tridimensional con más de 43 trillones de combinaciones posibles y una sola solución. Rubik tardó un mes investigando cómo funcionaba este colorido rompecabezas que está formado por pequeños bloques que giran sobre un eje. Hoy todos lo conocemos como el Cubo de Rubik o “cubo mágico” y desde su creación, se han vendido más de 350 millones de unidades en todo el mundo. Esto lo ha convertido, no sólo en el rompecabezas más vendido, sino también en el juguete más vendido del mundo.

¿Por qué hablar del Cubo Rubik? No sólo por su valor matemático –pues se llega a su única solución por medio de combinaciones y algoritmos–, sino también porque su creador, además de arquitecto y escultor, fue profesor.

De hecho, algo muy interesante del famoso cubo es que fue creado por Rubik como un apoyo didáctico para sus estudiantes de diseño. “Estaba buscando una buena tarea para mis alumnos. Cuando estudian de un libro, muchas personas van directo al final para buscar las respuestas. Ese no es mi estilo. Para mí, lo más divertido es el acertijo, el proceso de resolverlo y no la solución en sí”, dijo el creador hace años en una entrevista con CNN. “Además estábamos jugando con la geometría, que no es un sujeto estático, sino algo móvil, mutable. Así que estaba buscando una estructura móvil y encontré que la geometría de un cubo es muy emocionante por el alto nivel de simetrías que tiene y el hecho de que puedes hacer muchas cosas con él”, agregó el profesor.

"De hecho, él atribuye el éxito de este rompecabezas a esa contradicción que representa entre la simplicidad y la complejidad, entre el orden y el caos".

Ventajas de jugar al cubo de Rubik para los niños

El cubo de Rubik consta de seis caras, siendo cada una de un color: blanco, verde, rojo, naranja, azul y amarillo. Gracias a todos estos colores resulta muy atractivo para los niños. Además, el mecanismo de su interior que hace que estas caras puedan girarse y así todos los colores puedan mezclarse es de muy fácil manejo para los pequeños.

Para comenzar a resolver el rompecabezas hay que ir colocando las caras del mismo color. Este juego requiere mucha destreza manual y sobre todo mucha capacidad de atención y retención en la memoria de todos los movimientos.

Es un juego instintivo, fácil de entender y fácil de manejar para los niños que les ayuda a desarrollar su creatividad. Además, gracias a sus colores resulta atractivo.

Cuáles son las ventajas de jugar al cubo de Rubik para los niños

Jugar al cubo de Rubik para los niños no solo es un pasatiempo. Jugar con él significa utilizar un sistema de resolución de problemas que hace que el niño aprenda a analizar las distintas situaciones posibles que se pueden dar sin saberlo. Por tanto, se puede decir que el cubo ejercita el cerebro de una manera lúdica.

Este rompecabezas tiene múltiples beneficios para la salud mental de los niños. De hecho, jugar al Cubo ofrece ventajas similares a las que ofrece jugar al ajedrez.

Entre las ventajas que brinda jugar con este rompecabezas encontramos:

Mejora la capacidad viso espacial. Resolver el cubo implica el poder detectar similitudes y diferencias entre las partes de un todo, favoreciendo la comprensión del mismo.

Ejercita la atención y la concentración. Es un elemento básico para poder jugar con el rompecabezas. Se necesita atención para enfocar en un primer momento y luego poder mantenerla por mayor tiempo.

Paciencia. A medida que se juega al cubo se puede ir ejercitando la perseverancia y la capacidad de espera.

Desarrolla la memoria. Es necesario estar concentrado y saber los movimientos que se han ido dando para llegar al punto en que se está y en caso de error, poder volver atrás y coger otra vía.

Promueve la creatividad. Existe una necesidad de ir encontrado e intentando ir por diferentes caminos para resolver la tarea y para ello el niño tiene la necesidad de usar sus propias habilidades y superarse a sí mismo.

Atte. Patricio Figueroa M.