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El 56% de la información se olvida en una hora si no hay una conexión con el conocimiento previo, según un estudio reciente publicado en Neuron.

El estudio de 1880 del psicólogo Hermann Ebbinghaus replicado en investigaciones recientes: la importancia de establecer conexiones entre diferentes conocimientos.

Conexiones de conocimientos

Los neurobiólogos Blake Richards y Paul Frankland desafían la visión predominante de la memoria, que sostiene que el olvido es un proceso de pérdida: el lavado gradual de la información crítica a pesar de nuestros mejores esfuerzos para retenerla.

Según Richards y Frankland, el objetivo de la memoria no es solo almacenar información con precisión, sino también ‘optimizar la toma de decisiones’ en entornos caóticos que cambian rápidamente. En este modelo de cognición, el olvido es una estrategia evolutiva, un proceso útil que se ejecuta en el fondo de la memoria, evaluando y descartando información que no promueve la supervivencia de la especie.

A menudo pensamos en los recuerdos como libros en una biblioteca, archivados y accedidos cuando es necesario. Pero en realidad son más como telarañas, hebras de recuerdo distribuidas en millones de neuronas conectadas. Cuando aprendemos algo nuevo, cuando un maestro entrega una nueva lección a un alumno, por ejemplo, el material se codifica a través de estas redes neuronales, convirtiendo la experiencia en un recuerdo. Cada recuerdo, también, influye en el resto, así que nuestro pasado en realidad es una reconstrucción de nuestro cerebro, por ello es tan fácil autoengañarnos:

Olvidar es casi de inmediato la némesis de la memoria, como descubrió el psicólogo Hermann Ebbinghaus en la década de 1880. Ebbinghaus fue pionero en la investigación histórica en el campo de la retención y el aprendizaje, observando lo que llamó la curva de olvido, una medida de cuánto olvidamos con el tiempo. En sus experimentos, descubrió que sin ningún refuerzo o conexión con el conocimiento previo, la información se olvida rápidamente: aproximadamente 56 por ciento en una hora, 66 por ciento después de un día y 75 por ciento después de seis días.

Entonces, ¿qué se puede hacer para preservar el arduo trabajo de la enseñanza? Después de todo, los imperativos evolutivos, que eliminan nuestros recuerdos de información extraña, no siempre se alinean perfectamente con los requisitos del plan de estudios o las demandas de la era de la información. En otras palabras, aprender las tablas de multiplicar no sirve para escapar de los leones, pero en el mundo moderno ese conocimiento ha demostrado ser más que valiente.

Es interesante analizar esta información a la luz de nuestro trabajo como docentes de matemáticas ¿cuánto aprenden nuestros estudiantes? ¿es significativo lo que les enseñamos?

Atte. Patricio Figueroa M.

Fuente: xatakaciencia.com